Valle de los Chillos



Déjame hacer yo tu apología y elegía.
Pensar en ti es participar de tu maravilla,
en esos hombres y mujeres
que vagan por tus parajes sintiéndote suyo,
porque los contaminados ríos no han cambiado su
alma
y los mercaderes todavía no han ocultado
esos horizontes llenos de volcanes,
respetando el designio que quiso hacerte bello.

Te he contemplado desde el Ilaló
y las orillas de límpidas lagunas,
desde el vicio y la virtud.

En la cantina te adoraba
y en la iglesia te extrañaba,
moría en tus anaranjados ocasos
y revivía con tus amaneceres rituales.

Suburbio de pobres y ricos,
quisiera que la naturaleza embriague al odio
y que tu semidestruida paz sea la del mundo.