Borrachera



Durante unos momentos
las fantasías ocultaban al abismo
y el cataclismo de risas
nos precipitaba hacia las sombras
arrastrando con nosotros el universo
y todas sus estrellas.
El ritual se repetía
durante la mañana, la tarde, la noche
de los días, los meses, los años.
No ignoro la felicidad
de encontrar al sol en algún amanecer
repleto de sueños angustiosos,
no olvidados por inolvidables;
pero descender a los infiernos de la tierra
no era la recompensa que buscábamos
en las copas que vaciamos
y los tragos a cuya servidumbre
encomendamos inmensas ilusiones.
Adiós sabio océano de fulgurantes respuestas,
la lúgubre lucidez de las madrugadas
ya no es una necesidad del mundo
sino un vicio del alma,
al cual jamás condenaré.